El torniquete fansubber

Vivimos en la era de la inmediatez. Los medios digitales nos han vuelto impacientes: tomamos una foto y la queremos ver al instante, chateamos y ansiamos una respuesta rápida, escribimos un artículo o una entrada en un blog y estamos ávidos de reacciones. Atrás quedó el romanticismo de la intriga y la magia del revelado fotográfico, la sonrisa indisimulada al abrir el buzón y ver asomarse una carta o una postal —personal, bien pensada, fruto quizá de varios borradores— y el deseo de que alguien llegara a leer lo que escribíamos.

Está claro que hemos cambiado, y eso no es malo. En general, nos hemos adaptado con naturalidad a las nuevas formas y, cuando algo no ha abandonado su rigidez, ha surgido alguna herramienta que ha servido de puente entre la vieja y la nueva forma. Este es el caso de los fansubs o subtítulos por amor al arte, que han nacido como un torniquete de emergencia, altruista y cooperativo, para detener la hemorragia de la fisura que hay entre el cine y las series de televisión en versión original y el espectador hablante de otras lenguas y, así, atender a la nueva necesidad de disfrute mundial simultáneo de los estrenos.

De este fenómeno trataba —con sospechosa superficialidad— una entrada del pasado 21 de junio en el blog «Quinta temporada» de El País, que desató una gran polémica tanto en el propio blog como fuera de él, y especialmente en los foros de subtituladores profesionales, entre los que me encuentro. Básicamente, los consumidores de fansubs defendían su derecho como espectadores a conocer sin rezagarse, los fansubbers se enorgullecían de su trabajo desinteresado y los profesionales como yo se quejaban del desconocimiento y la infravaloración de nuestra profesión. En realidad, a ninguno nos falta razón.

Es evidente que las grandes distribuidoras se han quedado atrás, no se han adaptado a los nuevos hábitos de los espectadores, y luchan contra la piratería avaladas por los Estados, sin darse cuenta de que no se puede poner puertas al campo. Pierden su hegemonía precisamente por cerrar puertas en vez de abrirlas, en vez de facilitar antes el material a las distribuidoras de los distintos países para que trabajen en ellas y se traduzcan y subtitulen antes. Soy consciente de que este proceso requeriría alterar las cadenas de comercialización de los productos audiovisuales —afectando, quizá, al tipo de material que recibirían los traductores subtituladores— y reconozco que no sé hasta qué punto sería posible, pero intuyo que podría conseguirse con ello el estreno simultáneo, que probablemente mitigaría las tan demonizadas descargas.

En realidad, los portales de descargas y los fansubs cumplen una función social, al satisfacer esa impaciencia fomentada por los nuevos medios, y son el reflejo de un nuevo hábito a la hora de consumir cultura: el afán de compartir y de comentar. Me admira, además, el altruismo de los fansubbers que, con mala técnica y ortografía y muy buena intención, dedican su tiempo libre a esta tarea. Otro aspecto de esta actividad es la habitual colaboración entre ellos, pues es materialmente imposible traducir y subtitular tanto en una noche, por muy chapuceramente que se haga. Realmente se trata de un trabajo en equipo. Ahora, si bien la cooperación como principio es muy positiva, aquí suele dar como resultado una incoherencia que se suma al resto de «taras» fruto de las prisas y de la falta de formación lingüística, traductológica y técnica que caracterizan a estos subtítulos amateur.

Esta herramienta defectuosa de urgencia facilita el acceso a la cultura y llama la atención sobre una necesidad, pero no se concibe como la «competencia» de la subtitulación profesional. Ni los fansubbers pretenden lucrarse con ella —el ánimo de lucro es incompatible con el espíritu free— ni los subtituladores profesionales la vemos como una amenaza. Por eso, el secreto a voces de que ciertas empresas están utilizando inmoralmente los fansubs en sus productos comerciales o en sus servicios como proveedores para evitarse el coste de unos subtítulos profesionales es un asunto grave que empieza a quemar en ambos colectivos. Y dice mucho de dichas empresas. Sí, allá ellos con sus conciencias y con la calidad que quieren para su producto, pero ¿por qué lo hacen? Eso es lo más grave y el origen de todo, para mí.

Si no se preocupan por pagar —o pagar una tarifa digna— por unos subtítulos de calidad, es porque el fenómeno fansubber ha provocado, creo que sin querer, una infravaloración general de la subtitulación profesional: «si este lo hace en una noche —falso, como aclaran en la entrada de El País— y gratis, es que es muy fácil y este otro nos quiere timar». Esta creencia proviene, a su vez, de una falta de criterio lingüístico de base, que impide diferenciar la piel de la «polipiel»; y, sobre todo, del desconocimiento general de la tarea de la subtitulación, con sus dificultades, condicionantes y limitaciones: no basta con saber idiomas. Por este desconocimiento, además, muchos espectadores que consumen versión original subtitulada y entienden el idioma original tienden a juzgar sin saber. Desde que conozco y ejerzo esta tarea, me parece un arte: el arte de sintetizar respetando al guionista (con su estilo, sus manías, sus registros) y al espectador de la VOS. Explicaría esto con mis palabras, pero me parece que ya lo hizo excelentemente hace unos meses mi compañera de gremio Lucía Rodríguez Corral, profesora de universidad y traductora audiovisual de gran trayectoria y con títulos importantes en su palmarés, en una carta que escribió al programa «No es un día cualquiera» de RNE[1], tras escuchar una tertulia sobre traducción llena de tópicos ilustrados. Ella la compartió con nosotros, los colegas, y yo quiero ahora compartir un extracto —el que nos compete— con vosotros, los que lleguéis a este blog y al final de esta entrada.

[…] La traducción para doblaje y subtítulos está sometida a unas condiciones excepcionales que le aportan dificultad:

Está sometida a muchas limitaciones impuestas por la imagen. No se puede traducir con la misma libertad que sobre el papel, porque hay una imagen que manda. No se puede poner nada que contradiga la imagen, lo cual muchas veces dificulta encontrar soluciones. No se pueden poner notas al pie, hay que dar una solución a absolutamente todos los escollos de la traducción, que no son pocos, puesto que las películas suelen venir plagadas de referencias culturales, juegos de palabras y chistes que requieren adaptación, y no se pueden explicar. Y, todo esto, en frases cuya longitud sea similar a la del original y suenen naturales.

[…]

En el caso de los subtítulos, normalmente el público no sabe que son como un crucigrama. Se ha estudiado la velocidad de lectura de un hispanohablante medio y, basándose en ello, se han calculado los caracteres que se pueden leer por segundo cómodamente en un subtítulo (en torno a 12 y 15 caracteres por segundo, espacios incluidos, con un máximo de en torno a 72 caracteres en total, distribuidos en dos líneas). Además, si hay dos personajes, hay que dedicar una línea de subtítulo a cada uno de ellos (si hay un tercer personaje que habla, directamente no puede subtitularse). Y, cada vez que hay un cambio de plano, hay que cambiar de subtítulo porque, si no, el ojo tiende a volver al principio de la frase y releer el mismo subtítulo. Es decir, que si un plano dura dos segundos, tendremos 30 caracteres para ese subtítulo, independientemente de lo que se diga en él y de los personajes que intervengan. En suma, la labor de subtitulación tiene mucho de resumen. Se pierde muchísima información (sobre todo en películas donde los personajes hablan mucho y rápido, como las de Woody Allen); no se puede pretender que sean una transcripción del guión, porque serían imposibles de seguir. […]

Espero que esta entrada y la fenomenal explicación de Lucía os hagan, al menos, mirar nuestra profesión con otros ojos y entender la diferencia entre el subtitulado profesional y el amateur, al que, que quede claro, no demonizo en absoluto; más bien, agradezco que su existencia haya abierto un debate que puede desembocar en un viraje hacia los tan deseados estrenos simultáneos. ¡Viva el sentido común y abajo la rigidez! ¿No os parece?

I can’t wait any longer / oh yeah, ‘cause I need you NOW.

No puedo esperar más, / te necesito YA.


[1] Fecha: 11 de febrero de 2012. Podéis leer la carta entera en esta entrada del blog de Jota Martínez Galiana, traductor y subtitulador de los principales festivales de cine de España.

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11 Respuestas a “El torniquete fansubber

  1. Me ha gustado mucho la entrada, está muy bien escrita y, la verdad, es difícil no estar de acuerdo. Y la canción, también. 🙂 Enhorabuena.
    Pablo.

    • ¡Vaya por Dios! ¡Con lo que me gusta a mí el debate…! 😉 Muchas gracias y bienvenido a mi blog, Pablo. La canción es una maravilla bastante desconocida.

      • Pablo Carballo

        Sí que lo es. Por alguna razón, probablemente injustificada, me ha recordado la energía alegría de esto…

        Wake up, it’s a beautiful morning…
        Uy, que me voy del tema del blog 😉

  2. Devadip Rivero Curbelo

    ¡Hola!

    Muy buen artículo.

    En primer lugar, he de partir del hecho de que nunca he entendido con qué fin han surgido los subtituladores por amor al arte… Si no ganan dinero y ellos entienden lo que se dice… ¿para qué? ¿Colgarlo con infinidad de errores para quedar en ridículo? Alguno se esmera, pero ni se acercan a la calidad de los subtituladores profesionales: obviedad que se debe mencionar de vez en cuando, al parecer…

    Un “voluntariado” algo confuso que, sin duda, ayuda a muchos hablantes que no dominan el inglés (sobre todo, se trata de series y películas en ese idioma). Sé que algunos traductores, sí licenciados y sí profesionales, inexpertos en subtitulación también se dedican a traducir de esta manera. Así practican el inglés y se mantienen en constante contacto con el idioma. Esto último me parece lógico y defendible. Es plausible y laudable. Pero el caso del tal Juanito o una tal Floreta que traducen series sin tener idea ni siquiera de qué es la traducción, sigo sin entenderlo.
    Como mínimo, a estos subtituladores no profesionales debería exigírseles un mínimo de concordancia de géneros. Si habla una mujer, el adjetivo es femenino… Si hablan muchos, el verbo va en plural. A partir de los conocimientos básicos del idioma al que traduces y teniendo en cuenta que no por más rápido lo harás mejor, al menos, podrás comenzar a intentar ser un intruso.
    La exigencia de rapidez, como muy bien dices, y la inconsciencia de los clientes hace que lo que comenzó como iniciativa de diversión se puede convertir en intrusismo rastrero.
    Pasarán años y años y se seguirá hablando de intrusismo en la profesión de la traducción. Hablas, entiendes, lees inglés, pero no traduces.

    Por supuesto, existe una gran diferencia entre lo amateur y lo profesional. Esto sucede en cualquier campo. En la subtitulación todavía más. Sin duda, se nota la diferencia entre un buen subtitulador pro y un subtitulador pro – sin el buen. Por tanto, si el que ha escrito esas letras amarillas debajo de la imagen no tiene los conocimientos y la experiencia necesaria…esto es, no es ni profesional…¿se notará o no?
    En ningún caso – espero y creo – los subtituladores “porque sí” conseguirán desbancar a la profesionalidad, puesto que los que saben, precisamente, eso, saben qué herramientas utilizar para que el trabajo salga notable o sobresaliente.

    Gracias por la exhaustividad de la entrada. Y muy buena metáfora la del torniquete.

    Devadip. -> @TraductorJur

  3. Hola, Sara.

    Felicidades por la entrada, me ha encantado cómo está redactada y cómo se ha enfocado el tema.

    Yo también creo que los fansubbers tienen o podrían tener un papel importante en la difusión de la cultura y que podrían convivir, bien enfocado el asunto, con los subtituladores profesionales sin molestarse demasiado entre ellos. Estoy convencida de que hay un nicho de mercado para todo así que, ¿por qué no?

    De esto mismo traté en una de las primeras entradas de mi blog, Tradumetraje: “El arte de la subtitulación” http://tradumetraje.wordpress.com/2012/07/20/el-arte-de-la-subtitulacion-2/. Opino, como tú, que el tema se trató muy a la ligera en el artículo de El País y que, al leelo, uno se queda con la idea de que “cualquiera” con un mínimo de conocimientos del idioma original, puede subtitular y eso, inevitablemente, desprestigia la profesión de subtitulador. Por no hablar de todo el tema de permisos y de derechos de autor generados para los subtituladores que tanto ha costado conseguir.

    Muchas gracias, de nuevo, por publicar entradas como esta.

    Yolanda

  4. Hola, Sara.
    Muy bien explicado, de forma ponderada y sin los cabreos monumentales y diatribas apasionadas que se asomaron en su día al foro de Trag. Yo también escribí una entrada en mi blog sobre el tema, aquí:
    http://subtitulari.blogspot.com.es/2012/07/subtitulos-por-fans-y-para-fans.html
    Venía a decir básicamente lo mismo que tú, que no creo que los fansubbers sean competencia porque ni en sueños alcanzan la calidad mínima de una subtitulación profesional, y denunciaba las que, para mí, eran afirmaciones hechas con demasiada ligereza en el artículo de El País y que denostaban nuestra profesión, especialmente a ojos de los profanos.

  5. ¡Me ha encantado! ¡Enhorabuena!

  6. Pingback: El torniquete fansubber | Traducción e Interpretación | Scoop.it

  7. ¡Hola! Soy una estudiante de Traducción e Interpretación de la Universidad del País Vasco y he estado siguiendo vuestros blogs fielmente durante los últimos meses. Hoy he decidido dar el paso de crear el mío propio y este es el enlace: http://www.olatztranslatesandinterprets.com/
    Estaría muy agradecida y me ayudarías a difundirlo y que compartamos nuestras cosas de aquí en adelante. 🙂
    ¡¡¡Muchas gracias y hasta pronto!!!

  8. Como aficionado me he sentido salvajemente atacado.

    Desde luego no espero que mis traducciones alcancen el nivel de las de un profesional, pero es que me habéis puesto a caer de un burro.

    Y que alguien no entienda cómo se puede hacer algo por amor al arte ya ha sido fulminante. Creo que el autor de ese comentario debería examinar un poco más de cerca esa expresión.

    Por cierto, los aficionados no somos los únicos que cometemos errores. He visto cosas en traducciones profesionales que me han puesto la piel de gallina.

    Saludos.

  9. Pingback: Cinema Paradiso: Cines incendiados y besos clandestinos | Sara Hernández Pozuelo

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